Liderazgo y lenguaje

Uno de los aprendizajes más relevantes y útiles que personalmente he experimentado en los últimos años en mi práctica como coach ejecutivo, ha sido tomar conciencia y utilizar el enorme poder del lenguaje como herramienta de desarrollo de las competencias del liderazgo de personas y equipos.

El lenguaje es, seguramente, la capacidad cognitiva más propiamente humana de todas las que poseemos y, a la vez, la más desconocida y menos valorada tanto en el ámbito de  vida personal como profesional.

“Son sólo palabras” o “Una cosa es decirlo y otra es hacerlo” son algunas de las frases habituales que utilizamos para señalar el papel menor y secundario que atribuimos a nuestro lenguaje y reclamar la ausencia de responsabilidad propia sobre lo simplemente “dicho”.

Frente a esta concepción tradicional y limitada del lenguaje, está surgiendo una visión nueva y poderosa que resalta su capacidad generativa y creadora de las realidades más propiamente humanas y también de su enorme poder de transformación y cambio.

El ser humano habita en un mundo lingüístico,  compuesto de palabras en forma de descripciones, declaraciones, juicios, ofertas y peticiones. Un mundo en el que nuestras palabras suponen auténticos actos,  con efectos y consecuencias tan relevantes como las que se derivan de cualquier otro comportamiento humano.

De lo que decimos, somos responsables como lo somos del resto de nuestras conductas. El lenguaje no es inocente, no es irresponsable. Tiene consecuencias y de ellas debemos hacernos cargo frente a nosotros mismos y los demás.

El liderazgo es un fenómeno básicamente lingüístico y es a través del lenguaje como principalmente se construye la identidad del líder, su estilo de liderazgo, frente a sus colaboradores.

Decía Arquímedes que con un punto de apoyo era capaz de mover el mundo. El lenguaje es la más poderosa de las palancas que el líder, el manager, puede utilizar para mover su mundo y el de sus colaboradores. A través del lenguaje,  puede cambiarlo, transformarlo y convertir un mundo cerrado, autoritario y limitado en un mundo abierto, inspirador y de alto desempeño y rendimiento.

Los límites de nuestro lenguaje son los límites de nuestro liderazgo. Como líderes, no podemos no comunicar. Las cosas son como son, bien, porque alguien dijo lo que dijo o, bien, porque alguien no dijo lo que debió decir. Nuestros colaboradores habitan una realidad lingüística de palabras que pronunciamos, que son escuchadas e interpretadas, y que configuran sus pensamientos, emociones y acciones, en definitiva, su identidad misma.

Deja tu comentario